Corte de enaguas. En las tiendas de confeciones (Tocino, Jisol, “Gome loh’ pobre”, Diego Gomez…) se podía adquirir un trozo de tela que, convencionalmente, respondía ya a las medidas precisas para confeccionar unas enaguas. Si la compradora de Chiclana o alrededores no era muy gorda, claro.
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