Gorda

17 09 2007

Moneda de diez céntimos. Llegó a tener valor, luego a darse como discreta limosna; más tarde, ni merecía la pena que te agacharas si se caía al suelo. Se le llamaba “perra gorda” más propiamente. Y cuando se le pedía inoportunamente dinero a los padres, constetaban: “Ni una gorda!”. Imposible la paridad con el euro, que, por cierto, no me pierdo yo el próximo dos de enero de 2002, miércoles, el espectáculo en la plaza viendo dar la “vuelta” tras comprar un manojo de yerbabuena o un cartuchito de camarones. O tagarninas en la puerta, ¿se imaginan?: “¿Cuanto eh´eh´to chiquilla?” “Y yo que zé.. bueno, po dame lo que te zarga de ahí mih’mo“. (Nota del que publica: Este libro es del 2001)

Claro que “gorda” es también la que no es flaca, pero en Chiclana no ha estado nunca demasiado mal visto. Se edulcora la cuestión diciendo que se está “guapita“, “enmendá” o “mu bien úrtimamente“, etc… a menos, claro, que ya se pase una de rosca, porque entonces, cuando te hayas ido, dirán sin duda alguna: “¡Hay que vé como za pueh’to!“.

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