Embarcarse

5 10 2007

Naturalmente, trabajar en las faenas de la pesca, pero también, y sobre todo, el hecho de que la pelota, con la que los niños juegan al fútbol, se desplace inopinadamente hasta un tejado por una pifia de un jugador, quedando allí retenida. Inmediatamente se le dice al infractor: “Ea, yambarcao la pelota, joío tonto. Te toca…” Entonces comienza un verdadero calvario hasta recobrarla, que bien puede incluir un escobazo de la dueña de la casa, una teja volando e incluso la aparición de un inoportuno guardia que conmina al deportista a bajarse “ahora mih’mito“, como si eso fuera tan sencillo. La verdad es que, las más de las veces, la pelota se quedaba en el tejado per in secula seculorum y había que ir “an ca Chano” a comprar otra.

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