Prólogo (por Dionisio Montero)

Estamos ante una obra del mayor interés que, bajo su apariencia de divertimento lingüístico, es algo mucho más serio, ya que en realidad viene a llenar uno de los muchos vacíos existentes en la bibliografía chiclanera, como de hecho lo son todo tipo de libros que vengan a registrar distintos aspectos de los avatares y vivencias de unos chiclaneros que vivieron un pasado que aun está reciente. Y este trabajo consistente en recopilar los localismos utilizados en su habla diaria por la gente de la tierra natal del autor es, sin duda, uno de los más atrayentes.

La página web que estas leyendo es una adaptación del libro de Antonio Moreno Andrade editado por el Excmo Ayuntamiento de Chiclana, según lo subtitula el propio autor, un diccionario apócrifo chiclanero, es decir, no sujeto a ningún canon o incluso, según dicen los sabios de la Real Academia de la Lengua: fabuloso, supuesto o fingido. Mas adelante explico por qué considero que el autor, en su modestia, se excede al tildarlo de apócrifo.

Pero si importante es el subtítulo, más lo es el título: «Echando un cachito … ». Ese título encierra la verdadera intención de Antonio Moreno Andrade, que no es otra que la de bajar a su Chiclana a pasárselo bien «echando unos cachitos», con sus amigos y escribiendo a continuación, poco a poco, esta interesante obra que, además de haberle servido de diversión, tanto va a significar entre los muchos estudios que últimamente se están llevado a cabo para desentrañar los entresijos del alma chiclanera, la forma de pensar y de hacer de todo un pueblo que, además de laborioso como el que más, ha sabido crear sus propias expresiones para cada momento de su vida, ya sea triste o alegre, serio o festivo.

Es, por supuesto, algo más que un diccionario sencillo y alegre. Ante todo esta web sacada de aquel libro no se limita a ser una obra de consulta, sino que, pese a su formato, hay que leerlo en toda su extensión, dejándose llevar de la mano de su autor, «echando un cachito» con el de vez en cuando, leyéndolo en los ratos en que o internos predispuestos a recordar o a conocer por primera vez como se expresaban -y a veces siguen expresándose- los chiclaneros en mil y una situaciones diferentes.

En cuanto a ese adjetivo de apócrifo, me permito disentir un tanto con el autor. Yo diría que estamos ante un diccionario que, aunque no todo lo extenso que suelen ser las obras de este tipo, es más bien un diccionario de autoridades. Que otra cosa son, si no, los chiclaneros y chiclaneras que a lo largo de años, decenios, siglos, ha ido conformando todas las expresiones tan expresivas -valga la casi redundancia- recogidas en este libro. No hay nada de fabuloso, supuesto o fingido en esos dichos tan espontáneos y tan gráficos -y a1 mismo tiempo tan contrastados- con que los hijos de esta tierra han sabido transcribir su estado de ánimo o su opinión ante determinadas situaciones.

O es que hay ficción en esa frase que recoge este libro en la que se dice: “Ezo me güele a mi a chamuh ‘cao”. ¿Se puede hacer patente de manera más gráfica el estado de sospecha o de duda del que habla?

O qué me dicen de otros giros de nuestro habla local como ese de “Deh ‘de que me hizo la janga aquella, no parto yo piñoneh con eze”. ¿Qué puede haberle supuesto en esa manera de referirse a una mala faena recibida de alguien o quien no se esperaba? Es una forma de decir mucho más aclaratoria que la mejor expresión académica.

Y tantas y tantas palabras que entre los chiclaneros tienen un sentido muy distinto del recogido en los diccionarios que Antonio llamaría «académicos o canónicos», pero que, entre la gente de Chiclana resultan mucho más explícitas y aclaratorias que las expresiones recogidas en esos glosarios tan serios que, de tan serios, no se avienen con el gracejo de quienes hunden sus raíces

En esta tierra tan luminosa y tan alegre en donde hablar es un medio no sólo de comunicarse, sino de echarle sal a esa comunicación.

El autor nos facilita en su introducción una especie de guía o de norma sobre como pronunciar las eses finales y las iniciales con acento chiclanero. Hay que agradecer esa advertencia suya por lo que tiene de ayuda para mejor comprender los muchos ejemplos que ilustran este original diccionario.

Antonio Moreno Andrade, ha sabido captar en su obra, de forma magistral, un aspecto tan importante del alma de un pueblo -en este caso la de su pueblo- como es esa manera tan peculiar que la gente de Chiclana tienen de decir las cosas. Decirlas con pocas palabras pero contundentes y llenas de intención, sin posibilidad de dudas sobre su significación.

Decía antes que este «Echando un cachito … » es más bien un diccionario de autoridades. Bien es cierto que junto a las citas hechas por nuestro amigo autor, este no ha podido poner el nombre de la «autoridad» que ha creado cada una de ellas, pues cada artículo de este diccionario responde a una autoría colectiva. Cada una de esas frases está sancionada por la autoridad que le confiere un numero incalculable de generaciones de chiclaneros y chiclaneras que la han venido aprendiendo de sus antepasados y la han ido aplicando sabiamente en el momento adecuado, en la ocasión justa en que cualquier otra forma de decir no sería tan aclaratoria como ese localismo cuyo significado esta más que acabado y pulimentado por su uso a lo largo de esos años, decenios y siglos de vivencias de todo un pueblo con una peculiar manera de decir lo que siente.

Pero el libro contiene también una introducción -que el autor denomina «El Libro»- y una dedicatoria que, por sí solas, merecen toda la atención y admiración de todo el que se acerque a esta obra.

En la primera, Antonio Moreno nos cuenta como nació en el la idea de escribir un libro que en principio creía iba a ser una novela y que al final ha terminado siendo este trabajo que ahora tienes en tus manos.

Nos dice, con excesiva, que no falsa, modestia que no ha pretendido que esta obra sea un trabajo de investigación -que sí lo es-, sino que sencillamente -y, digo yo: si, con sencillez, pero con qué exquisitez y con qué temple- se ha limitado a prestar atención y registrar palabras, frases, situaciones para así demostrar la virtud chiclanera de condensar en una frase sencilla y terminante lo que en el lenguaje según los cánones de la Academia requeriría toda una compleja y difícil disertación. O, como él dice, expresar con frases cortas grandes pensamientos y ello gracias a esa andadura de siglos de historia a que nos referíamos antes.

Tiene el autor palabras de reconocimiento para los autores que han influido en él a la hora de ponerse a escribir sobre el habla de su pueblo, y cita a Pedro Payán y a Paz Martín, como más cercanos, y, en otro nivel, a Fernando Villalón y Antonio Murciano. Reconocimientos que le ponen de manifiesto el carácter y sensibilidad del buen escritor y mejor persona que hay en Antonio.

En la segunda, la dedicatoria, el autor evoca de manera inefable sus relaciones y su amistad con un personaje singular, el barbero de toda su vida, ya desaparecido, pero que supo llenar con sus mil ocurrencias la imaginativa memoria de Antonio Moreno.

Comienza en esta parte dirigiéndose a los jóvenes que no conocieron a ese personaje y añade que por eso precisamente va a explicar quien fue ese barbero, como era su barbería, cuan sucintamente estaba amueblada y equipada. También alude Antonio a lo precariamente que vivía tan entrañable personaje.

Pero no debo seguir glosando ni la introducción ni la dedicatoria, sino que invito al lector a que, en beneficio propio, no deje de leerlas, pues así, además de conocer los motivos por los cuales se ha creado este libro y de trabar conocimiento con el personaje al que está dedicado, llegará sobre todo a conocer mejor a la persona que hay detrás del nombre del autor.

Estamos, sin duda, ante un libro que recoge una parte muy importante de nuestro pasado y que, de no ser por el cariño que Antonio Moreno Andrade sabe ponerle a todas las cosas de su pueblo, hubiera caído en un olvido imperdonable y lo que hubiera sido aun peor, imposible de subsanar.

Auguro a esta obra el mayor de los éxitos, pues esta excursión del sesudo juez que es Antonio a la más pura fuente del habla de su gente va a llegar como agua de mayo sobre una Chiclana sedienta de saber más y más sobre sus señas de identidad, de poder conservar en libros como este pedazos de ese tesoro que son los hechos y los dichos, la forma de hablar de generaciones desaparecidas o a punto de desaparecer.

Dionisio Montero

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3 responses

3 07 2007
Chiclanita

FELICIDADES. la idea es genial, gracia por vuestra visita a mi blog.
OS SEGUIRÉ.
Un Abrazo para todos.
Antonio Morales CHICLANITA
Desde Sant Boi de Llobregat, Barcelona

7 11 2011
Bobby Tyler

Get your free porn and awesome smut reviews here.

9 02 2014
pepe

IGUALITO QUE LOS GILIS DE LA ISLA JAJAJ

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